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Dios es mi luz

conoce ud. a Dios

Dios le conoce a usted, pero ¿conoce usted a Dios?

Se había leído la Biblia siete veces y podía recitar de memoria, extensos pasajes, sin fallar en una coma. Era parte de su ejercicio diario de estudio de las Escrituras. Sin duda tenía mucho conocimiento.

También ejercía un cargo en la iglesia. "Rubén es un hombre consagrado", solían repetir el pastor y sus inmediatos colaboradores. No es de extrañar, entonces, que no dudaron en lo más mínimo en designarle en la posición de responsabilidad que ostentaba.

En cierta ocasión alguien le cerró el paso con su vehículo. Afortunadamente frenó a tiempo, de lo contrario la colisión habría sido inevitable.

Le embargó una tremenda ira. ¡No podía concebir algo así! Aceleró el auto y alcanzó al protagonista del incidente.

--¿No te das cuenta de por dónde andas?—le dijo, sacando la cabeza por la ventanilla del automotor. Para enfatizar su disgusto, acompañó su airado reclamo con unas cuantas palabras groseras.

Su sorpresa fue mayúscula cuando desde el otro auto emergió una sonrisa amable. Era la esposa de un pastor de la misma denominación eclesial.

--Discúlpeme, hermano Rubén. No fue mi intención. Voy camino a la clínica donde internaron por urgencias a mi señora madre. Le pido de nuevo disculpas--, y reemprendió la marcha.

¿Conoce usted a Dios?

Es evidente que Dios le conoce a usted, pero ¿conoce usted a Dios? Es probable que a pesar de muchos conocimientos e incluso, de hablar la jerga evangélica que acompaña muchas de nuestras expresiones en Latinoamérica, usted no conozca a Dios.

El evangelio de Juan relata que en cierta ocasión fue hasta el Señor Jesús un hombre ampliamente reconocido en el mundo religioso de su época. Dios lo conocía a él, pero él no conocía a Dios, aunque hablaba del Creador a toda hora.

El diálogo fue sencillo pero a la vez profundo en su contenido. "Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? (Juan 3:3, 4)

Quizá usted al igual que este líder eclesial del judaísmo, tiene mucho conocimiento. Ha leído la Biblia unas cuantas veces y es reconocido en su congregación como alguien entregado a Dios. La pregunta es, ¿hasta dónde ha logrado conocer a Dios?

Por supuesto, conocer a Dios jamás podremos lograrlo en su plenitud; sin embargo cuando mantenemos una estrecha relación con Él, y abrimos el corazón para que obre conforme disponga, empezamos a ver el reflejo de su amor, poder y mover en cada uno.

Hacia nuevos niveles

La vida cristiana no puede estancarse. Si ocurre, no solamente estaremos impedidos para dar nuevos pasos sino que corremos el peligro de retroceder.

Conforme crecemos en Cristo, llegamos a nuevos niveles en los planos personal y espiritual.

"Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es." (versículos 5 y 6).

Es posible que en su caminar cristiana haya llegado hasta ciertos niveles, pero le falta aún experimentar el mover del Espíritu Santo. No, no me refiero a la gritería que se observa en muchos servicios religiosos en los que—para mi preocupación y quizá para la suya—muchas persona repiten la misma jerigonza como si el "hablar en lenguas" fuera algo que se aprende "de memoria".

También el crecimiento hacia nuevos niveles debe incluir nuestro comportamiento. Si no se produce un cambio en nuestro actuar, es necesario revisar nuestro testimonio cristiano.

Movidos por el Espíritu Santo

Para Nicodemo, aquellas palabras del Señor Jesús eran nuevas. Tal vez para usted como cristiano, aquello de dejarse mover por el Espíritu Santo también sea algo que reviste cierta novedad.

El Señor Jesús le dijo: "No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu." (versículo .

Al Espíritu Santo hay que dejarlo fluir. No presionar ni darle órdenes como "Muévete ahora..." como si se tratara de un mandadero que responde a nuestras indicaciones. Dios se mueve conforme quiere y lo que necesita es que estemos abiertos a Él.

Formúlese unas preguntas sencillas: ¿Cómo anda su testimonio de vida cristiana? ¿Ha crecido en los niveles personal y espiritual? ¿Está abierto al mover del Espíritu Santo o sus esfuerzos están encaminados a ejercer cierta manipulación sobre Él?

Las respuestas solamente las tiene usted. Y si halla algún fallo, debe encaminarse a corregirla. Con ayuda de Dios, si lo involucra en su ser y le permite obrar, es posible...






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